Prueba realizada por Gaby Esono


Aunque hay varias marcas que dominan el arte de construir automóviles capaces de trepar por lugares imposibles (se me ocurren Mitsubishi, Toyota y Nissan, además de Mercedes-Benz), sólo dos han sido capaces de hacer de este rasgo su principal seña de identidad: Land Rover es una, con el Defender como modelo más representativo. Jeep es la otra, y el origen militar del actual Wrangler (antaño Willys) no hace sino señalar la dureza de uno de los iconos americanos.



Con ésta ya son cuatro generaciones del Jeep Grand Cherokee, un modelo que ha sobrevivido a las dificultades que hace pocos años vivió la empresa y que hoy, bajo el paraguas del Grupo Fiat, aprovecha ciertas sinergias a nivel tecnológico y comercial.
Esto no hace sino incrementar el valor añadido de un coche que se las tiene que ver con automóviles que no andan precisamente justos de prestigio: el Toyota Land Cruiser o el Mitsubishi Montero, por ejemplo, no han llegado donde están sólo porque muchos los elijan para disputar el Dakar.
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En la presentación del nuevo Jeep Grand Cherokee condujimos precisamente este mismo motor 3.0 CRD de nueva generación. Se trataba de una breve toma de contacto, en la que las principales conclusiones que pude extraer es que la combinación entre este bloque turbodiésel V6 desarrollado por VM Motori (en su día comentamos todos los detalles de este propulsor de nueva generación) y la caja de cambios de Mercedes-Benz daba el pego en terreno accidentado.





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Una condición sine qua non de cualquier todoterreno que se precie es la de contar con unos grandes recorridos de suspensión. Hoy en día, además, se requiere que el comportamiento en carretera esté a la altura del de cualquier berlina, por lo menos en lo que se refiere a confort de rodadura.




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Del mismo modo que los caminos pedregosos e irregulares parecen un mero trámite para el Jeep Grand Cherokee, su habitáculo es lo que se suele llamar un auténtico salón rodante.

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La altura del coche, inevitablemente, obliga a hacer un cierto esfuerzo para subirse a él pero, una vez dentro, el tratamiento que recibimos, en cualquiera de sus cinco plazas, es excelso.

[/tab] [tab name=’Conclusión’]
Una rara habilidad que tienen las marcas americanas es la de ofrecer por norma una excelente relación entre precio, equipamiento y tamaño. Los precios de tarifa del Jeep Grand Cherokee no siguen esta línea, porque la versión Overland con el motor 3.0 CRD de 241 CV supera los 68.000 euros, que es una cifra similar a los de sus homólogos de Land Rover o Toyota.


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