Prueba realizada por Gaby Esono
Dinamismo, exclusividad, sensaciones, refinamiento… Cuando lees estas palabras en el ideario de Citroën para el DS4, tienes la impresión de que en realidad están hablando de otra marca. Y, de hecho, sin un sello que rescatar del baúl de la historia, el apelativo DS es lo más parecido a crear una marca nueva.

El Citroën C4 es la inevitable referencia en la que fijarse para analizar hasta qué punto la marca ha sabido trazar un camino distinto para su producto generalista y el de filosofía premium que representa el DS4.



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Es por eso que los 163 CV a unas más bien escasas 3.750 rpm que entrega este 2.0 HDi hoy son un estándar más que correcto entre los modelos de segmentos medios con ciertas ambiciones prestacionales. Peugeot, por ejemplo, lo monta sin mayor problema en el RC Z (y me gustó bastante en la prueba que le hicimos al coupé de la firma del león), de modo que a nadie ha de extrañar que esta variante lidere la oferta diésel del Citroën DS4, igual que lo hace en la del DS5 (si no contamos el DS5 Hybrid4).



El tacto del cambio de marchas manual de 6 velocidades, por su parte, es bastante preciso pero demasiado suave para lo que podría desearse de un GTI, aunque sea diésel. Y, hablando del combustible, durante la prueba el DS4 necesitó 6,8 l/100 km, muy poco menos que lo que nos gastó el DS5 con este mismo motor.
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Esto llama más si cabe la atención si tenemos en cuenta el efecto que produce su peculiar carrocería coupé, dotada con unos pasos de rueda muy abultados y elevados que dan la impresión de que el centro de gravedad se encuentra más alto de lo deseable. Pero insisto: nada más lejos de la realidad.
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Las diferencias en la carrocería se ven y las del comportamiento se sienten, pero para encontrar la distinción en el interior del DS4 respecto al del C4 hay que prestar más atención a los detalles.


Las plazas traseras, en cambio, hay que analizarlas desde otro punto de vista. Si se piensa en un coupé, se agradecerá que no se tenga liberar un asiento delantero para acceder a ellas. Pero si se tiene en mente una carrocería de 5 puertas, se echa de menos que las posteriores sean más grandes, que la habitabilidad sea algo mayor o que, por lo menos, las lunas pudieran bajarse.

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Hacer un coche diferente al resto no es para nada tarea fácil. Hacerlo, además, cuando la tradición de la marca tiene poco que ver con lo que había venido haciendo en las últimas décadas, lo complica todo un poco más.


El Citroën DS4 rezuma el aire generalista de la marca, pero a pesar de ello han logrado dar un salto que permite a un conductor sentirse orgulloso del coche que se ha comprado. Porque es original y porque se comporta sobre el asfalto con muy buenas maneras.


Aunque la estrategia comercial de Citroën se apoya en suculentos descuentos, no hay que olvidar que por el C4 HDi 150 Exclusive piden 23.750 euros, un precio que exigirá a los comerciales de la marca empaparse muy bien de los argumentos de venta para justificar la diferencia.
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