Mercedes-Benz ML 63 AMG: menos humos para la bestia

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Puede que a la gente de Mercedes no le acabe de agradar la definición de bestial para ninguno de sus coches, pero no podemos evitar repetirnos cuando se trata del ML preparado por AMG.

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Y es que estamos hablando de un todoterreno que ronda los 2.300 kilos, mide casi 1,80 metros de altura y cerca de 5 metros de longitud. De modo que si a un aparato de semejante volumen, que antes presumía de 510 CV, ahora le proporcionas nada menos que 557 CV de potencia a 5.750 rpm y 760 Nm de par motor entre 2.000 y 5.000 rpm, ¿de qué otra forma se puede calificar?

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Hay que reconocer que estos datos son un poco tramposos, porque en realidad son el resultado de incorporar el paquete AMG Performance, que sube la presión máxima de la sobrealimentación de 1,0 a 1,3 bares, a la ya de por sí sobrada versión de partida. Los 525 CV a 5.250 rpm y 700 Nm entre 1.750 y 5.000 rpm de serie deberían bastar a más de uno, sobre todo si tenemos en cuenta que la aceleración de 0 a 100 km/h es de 4,8 segundos, cuando la potenciación opcional apenas mejora en una décima tal registro. La velocidad máxima, además, está limitada electrónicamente en 250 km/h.

¿Qué esconde esta vez?

En ambos casos estamos hablando del motor V8 de 5,5 litros de cilindrada, un bloque biturbo de nueva generación que poco a poco ha ido desplazando al poderoso atmosférico de 6,2 litros de debajo de los capós de las berlinas más representativas de Mercedes-Benz (el Clase C AMG, por motivos de espacio, sigue alimentándose de aire puro).

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Una vez aplicada la correspondiente inyección directa de gasolina (con inyectores piezoeléctricos), el sistema ECO start/stop, la construcción del bloque en aluminio, las cuatro válvulas por cilindro con distribución variable y el sistema de refrigeración y de recarga de energía “inteligente”, entre otros, lo que tenemos es un motor que no envidia en prestaciones a su predecesor, pero que se convierte en una referencia en cuanto a la relación consumo/prestaciones.

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Montado en el ML 63 AMG (nótese que, como en el resto, mantiene la denominación a pesar del cambio de cilindrada), este V8 requiere, oficialmente, 11,8 l cada 100 km recorridos (16,5 l/100 km el anterior), lo que representa unas emisiones de 276 g/km de CO2 (392 g/km para la anterior pre-restyling), independientemente de que lleve montado el paquete AMG Performance.

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Por cierto, las unidades con este equipamiento se distinguen por la tapa de carbono para el motor, las pinzas de freno pintadas de rojo y por el volante tapizado en piel nappa.

La transmisión elegida para la ocasión es la AMG Speedshift Plus 7G-Tronic, es decir, una evolución del conocido cambio automático de 7 relaciones con tres modos de funcionamiento y particularidades como la función “doble-embrague” automática en las reducciones y diversas funciones para ahorrar combustible.

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La tracción permanente a las 4 ruedas repite el reparto 40:60, se combina con una suspensión deportiva neumática AMG y, por primera vez, con el Active Curve System (barras estabilizadoras activas).

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El bastidor se remata con unos neumáticos 265/45 sobre llanta de 20 pulgadas en ambos ejes, aunque se pueden elegir unos 295/35 R 21. De parar todo esto se encargan unos discos ventilados y perforados de 390×36 mm delante y 345×26 mm detrás.

El Mercedes-Benz ML 63 AMG llegará a los concesionarios en abril de 2012 y, a falta de confirmación del precio en España, la marca ha anunciado que en Alemania costará unos 88.200 euros, impuestos aparte, mientras que el paquete AMG Performance supondrá un sobreprecio de casi 5.700 euros.


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