Prueba realizada por Gaby Esono
El BMW X3, en su primera generación lanzada en 2004, consiguió aunar por primera vez un comportamiento de turismo en
una carrocería de todoterreno. Alejado del tonelaje y las pretensiones de su hermano mayor y pionero en estas lides, el BMW X5, el SAV medio de Múnich (en BMW llaman «Sports Activity Vehicle» a los SUV…) aportaba ya en sus primeras versiones un dinamismo que sorprendió entonces, y se convirtió en un ejemplo a seguir.
Gran parte de la sorpresa se debía, claro está, a que su carrocería tenía ciertos rasgos camperos que, al menos estéticamente, hacía que uno lo imaginara más trepando colinas accidentadas que callejeando por la gran ciudad. Pronto se vio, sin embargo, que el planteamiento de la firma bávara no iba nada desencaminado y que, aparte de la tracción total y la altura elevada, no era necesario dotarlo con accesorios trialeros que encarecieran el producto y para que luego sólo unos pocos acabaran utilizando.
Hoy, a la vista de lo que se ve en el mercado se podría decir que esa estética campera parece estar de más en este segmento. El Audi Q5, por ejemplo, ya nació así y, en cuanto al Mercedes-Benz GLE, sustituto del Mercedes-Benz GLK, ha abandonado por completo las líneas cuadradotas por otras mucho más estilizadas, una tendencia en la que han seguido el cambio ya presente desde 2010 en la segunda generación del BMW X3, un veterano al que diversos retoques están permitiendo seguir vigente algún ejercicio más.
De esta manera, sin renegar del todo de su identidad off-road, el SAV alemán es cada vez más un familiar alto y atractivo, más elegante y pulidito, y se aleja de aquel lado ligeramente agreste que le hizo famoso y que parece que ya no atrae tanto al público. Y si no me crees, pregúntale a Land Rover…
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El motor 2.0 TwinPower Turbo diésel que monta el BMW X3 xDrive20d define en buena medida el carácter «tranquilo pero con chispa» de este modelo.

En carretera convencional, en cambio, las cosas cambian un poco. Hoy en día, contar con 200 CV bajo el pedal del acelerador no es necesariamente sinónimo de prestaciones de infarto y, en este caso concreto, considero que se trata de un mínimo razonable.




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BMW está empeñada, con buen criterio desde mi punto de vista, en que cuando te sientes en cualquiera de sus modelos sientas cómodo de inmediato, sin importar su tamaño.


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Por otra parte, los pasajeros traseros se sentirán bastante bien tratados. Desde luego, mejor de lo que se les suele tratar en las berlinas medias alemanas, especialmente las premium, que usualmente parece que tengan la plaza central para que dos ocupantes no sientan invadida su área de confort, mientras que en el BMW X3 uno sí se puede aventurar a realizar largos desplazamientos con 5 adultos y su respectivo equipaje. Porque eso sí, 550 litros de maletero dan para todos los ‘por si acaso’ que a uno se le ocurran.
[/tab] [tab name=’Me gusta más’]Me gusta subirme a un BMW y sentir que hay una coherencia en el trabajo realizado. Ellos dicen: «nosotros hacemos los coches así» y, efectivamente, así se siente uno en cualquiera de ellos.

Sabiendo que se trata de una versión de temperamento calmado, se le puede pedir cierta respuesta, tanto al acelerador como al volante, lo cual no solo tranquiliza, sino que alimenta el ánimo los días que nos sentimos un poco traviesos.
En este sentido también contribuirá la eficaz tracción total ‘inteligente’ xDrive, que actúa de forma imperceptible cuando las condiciones del asfalto se complican.

Me han llamado la atención los consumos de este propulsor, algo por encima de lo deseable en una mecánica de última generación producida por uno de los tradicionalmente mejores constructores de motores.


El BMW X3 xDrive20d cuesta de partida 44.950 euros, con el cambio manual de 6 velocidades. Si elegimos la recomendable caja automática el precio sube hasta los 47.501,12 euros, más 177,85 euros de las levas en el volante, que para esta versión concreta diría que son un gadget prescindible.


El sistema de navegación Professional, por su parte, con el cambio automático destaca por incluir estrategia de previsión de cambio, para ahorrar combustible, pero cuesta 2.952,71 euros frente a los también muy elevados 1.885,61 euros del modelo Business.
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