Prueba realizada por Gabriel Esono

Poco recuerdo queda ya de aquel Opel Kadett GSi de los años ’80, que derivó la década siguiente en la primera generación del Opel Astra que hoy conocemos. Y, de hecho, la misma marca fue desvirtuando el valor de esas siglas, que en su momento, cuando el logo 16V era lo más, servían de presentación de la mecánica 2.0 atmosférica más afinada del mercado. Era, como suele decirse, un auténtico cañón, que la llegada de normas antipolución cada vez más restrictivas (y el cambio de estrategia de la marca) dejó en un motor simplemente eficaz, pero sin alardes.



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Opel ha anunciado a bombo y platillo la versión OPC del nuevo Opel Astra que, como es tradición, supera en potencia a casi todos sus rivales. Pero no nos engañemos: estas versiones, que son las que más nos gusta poner contra las cuerdas, acostumbran a ser meros escaparates con los que las marcas llaman la atención sobre el resto de la gama, que siempre cuenta con opciones mucho más racionales.





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En esta ocasión, sin embargo, así como el motor no ha respondido como lo recordaba en el Insignia, el tacto general en cambio sí me ha dado la sensación de que cambiaba de forma demasiado radical. De un carácter atemperado pasa a ser casi nervioso y obliga a prestar mucha más atención al conducir.
Quizá sea un efecto buscado, porque las formas del Opel Astra GTC hacen pensar que se trata de un coche hecho para llevar siempre el casco en el maletero, pero yo no he sabido apreciar el agradable punto intermedio que sí encontré en el Astra de 5 puertas con el motor 2.0 CDTi y cambio automático con el que me fui a cubrir la Baja España-Aragón hace un par de años.

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El diseño de la carrocería del Opel Astra GTC ha sido todo un acierto estético. Sus creadores no parece que hayan tenido que ceder a demasiados compromisos, porque está claro que el objetivo era desarrollar un coche que entrara por los ojos, algo que ya se intuía en la versión de 5 puertas.



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Opel ha tenido siempre bastante buen gusto a la hora de diseñar modelos más o menos deportivos. Fuera con aditamentos estéticos o, como en este caso que nos ocupa, con carrocerías bien trabajadas desde la base, si un coche de esta marca quería transmitir dinamismo, lo clavaba.

El precio de tener un coche bonito como este Opel Astra GTC con el motor 1.6 Turbo de 180 CV con el acabado Sportive es de 26.200 euros con el IVA del 18%, descuentos aparte.
Luego, como has podido comprobar en las fotos, se le pueden incluir asientos de piel (1.041 euros), la pintura con efecto perla que la marca llama “blanco mineral” (781 euros), llantas de aleación de 19 a 20 pulgadas (entre 104 y 1.249 euros), así como diferentes paquetes interiores y exteriores como el Pack Premium con navegador y faros bixenón (1.197 euros), entre otros.
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