Prueba realizada por Gaby Esono
Recientemente me crucé por la autopista con un Mercedes 230 SL (tipo W113), una reliquia de los años 60 a la que no me pude resistir a hacerle una foto y subirla a Instagram. Igual que las estrellas de Hollywood, el glamour que transmite una joya como esa, no importa los años que hayan pasado, es difícilmente igualable por los tecnológicos productos sobre ruedas que se producen hoy en día.
A bote pronto, actualmente sólo se me ocurren dos roadsters que emanen, en cierto modo, ese aroma a conducción auténtica, a disfrute de los viajes a cielo abierto como, supongo, se debían disfrutar hace 50 años. Uno sería el Mazda MX-5, a pesar de que su última generación adopta el aspecto manga de sus hermanos con diseño ‘Kodo’. Otro sería el BMW Z4.


No importa demasiado. La cuestión es que tuve en mis manos un BMW Z4 sDrive28i, que dicho así no dice gran cosa, pero que cuando empecé a buscar carreteras donde conducirlo tuve claro que, cuantas menos rectas tuvieran, mejor.
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[tab name=’Al volante’]
El discreto restyling a que fue sometido el año pasado el BMW Z4 trajo consigo la incorporación de la nueva gama de motores modulares TwinPower Turbo. Concretamente, el BMW Z4 sDrive28i cuenta con la versión de 245 CV del bloque de dos litros de cilindrada (tras este enlace tienes la prueba del BMW 328i con el mismo propulsor).


Traducido a sensaciones, significa este motor mueve con una gran soltura los menos de 1.500 kg de peso de este descapotable (¡ay!, si tuviera techo de lona…) y que hay que ser muy sieso para no divertirse con él, con cierta mesura. A continuación te explico el porquédel matiz.



O, mejor dicho, con esta combinación de motor y transmisión, aunque es muy prestacional, como se sujeta tan bien tienes la sensación de que hay que forzar mucho las cosas para que el eje trasero haga aquello que estás pensando y que no te recomiendo que grabes para subirlo a Youtube.
[/tab] [tab name=’Vida a bordo’]El BMW Z4 es, tal y como puede verse, un coche incómodo y poco práctico. Afortunadamente. Acceder o bajar del habitáculo obliga a tener un cierto nivel de agilidad, especialmente con el techo cerrado. Pero se trata de un mal sin demasiada importancia, porque no está hecho para ir entrando y saliendo de él.




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Como decía en la introducción, el BMW Z4 es uno de esos pocos coches que hay hoy en día con apenas filtro, de los que permite sentir la conducción.

Claro que es algo ficticio, porque estamos hablando de 245 CV, un cambio de marchas automático de gestión electrónica y unos sistemas de ayuda a la conducción con los que resulta complicado meterse en problemas. Son las cosas de vivir en el siglo XXI.
Este descapotable es, en cualquier caso, un automóvil auténtico, y como tal debe ser amado y comprendido, aceptado tal como es.
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[tab name=’Me gusta MENOS’]
El BMW Z4 te puede llevar cada día a la oficina, pero no te lo agradecerá. Y tú a él tampoco.

Para disfrutar el roadster alemán tienes que proponértelo, casi como una imposición a ti mismo, porque si no será él quien te ponga las cosas claras.
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Sumado a las llantas de aleación de 19 pulgadas (796 euros), la pintura metalizada específica (Mineralgrau, 796 euros), la cara ayuda al aparcamiento (889 euros) o el carísimo navegador (3.073 euros), el montante puede subir bien por encima de los 60.000 euros.
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