Prueba realizada por Gaby Esono
El mercado europeo se rige por una serie de normas no escritas de obligado cumplimiento si se quiere sobrevivir en él con una cierta dignidad, especialmente en los países más potentes como Alemania, Francia o, antiguamente, Italia.

Otra, hoy ya prácticamente ineludible, es que conviene ofrecer algún modelo o versión concreta con la que dé la impresión de que uno podría aventurarse en el campo. Esa es la misión del reciente CX-5 y del veterano CX-7.
Y otro de los puntos que se me ocurre es la que nos tiene aquí reunidos, porque compete al Mazda6, que no es otra que la de desarrollar un modelo del segmento medio que sirva de referente para el resto de la gama.
Seguro que hay más normas, pero para el caso estas tres nos sirven.

En esta prueba, sin embargo, se trata de ver si el Mazda6 cumple o no con los requisitos que se exigen a un modelo del segmento D, que además de contar con una habitabilidad y capacidad de maletero acordes con sus dimensiones, más cerca de los 5 metros de longitud que de los 4,5 metros, debe mostrar una factura que le permita ofrecer un adecuado equilibrio entre prestaciones, comportamiento y confort, no exento de cierto equipamiento tecnológico de última hornada, para que no se diga.
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Mazda inventó en 2010 la palabra Skyactiv para definir su nueva forma de desarrollar automóviles. Tras el lanzamiento del Mazda CX-5, el Mazda6 ha sido el siguiente modelo en el que han seguido esta filosofía, con la cual la marca de Hiroshima define una forma muy seria de optimización de todos los aspectos susceptibles de mejora en la creación de un coche, desde los motores (Skyactiv-G y Skyactiv-D) y transmisiones (Skyactiv-Drive y Skyactiv-MT), hasta el bastidor y la carrocería (Skyactiv-Chassis y Skyactiv-Body, respectivamente).







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El apartado anterior solemos dedicarlo también al comportamiento dinámico del coche, pero en este caso merece la pena trasladarlo a las impresiones que da en el interior.


Antes de llegar a esto, nada más sentarte, incluso antes de girar la llave de contacto (perdón, quería decir presionar el botón de arranque) ya tienes la impresión de que ha habido un cambio sustancial en esta tercera generación de Mazda6.
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No es la posición de conducción, porque mantiene un nivel ergonómico excelente apoyado en unos asientos cómodos pero que sujetan bien el cuerpo, sino la presencia general, que ha ganado muchos enteros respecto al anterior, especialmente en lo que se refiere a calidad percibida.

Tampoco es especialmente agraciado del equipo de navegación y sonido, que no parece integrado sino de diseño universal aunque, todo hay que decirlo, al contar con cartografía de tomtom el guiado es ejemplar.

Curiosamente, Mazda desarrollado diferentes configuraciones para el Wagon y el Sedán, dejando una batalla más corta en el break (2.750 mm) para favorecer el diseño del maletero, mientras que en la berlina (2.830 mm) el interés radica sobre todo en mejorar el espacio para las piernas de los ocupantes posteriores.
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Me ha gustado mucho conducir el Mazda6 Wagon. La marca japonesa ha subido el listón de este modelo, que ya tenía estaba entre los mejores en cuanto a comportamiento, y lo ha hecho además ganando en confort y refinamiento de marcha. Sospecho que si BMW hiciera algún día un Serie 3 de tracción delantera (que espero que no), se parecería mucho a este Mazda, al que sólo me falta por saber qué sería capaz de hacer con una gama de motores que apuntara más alto. ¿Volverá algún día el MPS?

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Una oferta de dos carrocerías (cuando antes eran tres) y cuatro motores disponibles en España (cuando antes eran seis) parece que no deja demasiado margen para la elección, aunque al menos ahora sí se puede adquirir un diésel con cambio automático.


Por dentro, detalles menores como el aspecto del navegador o el de algunas teclas no le da para alcanzar la excelencia, pero es hilar muy fino en un conjunto muy satisfactorio.
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Este motor Skyactiv-D de 150 CV es la propuesta más racional del Mazda6 Wagon, el que en una situación normal de mercado debería acaparar un mayor número de ventas.

Con esto, que se añade a los faros bixenón, luces diurnas de LED o el navegador con pantalla táctil, tenemos un “viene con todo” por el que Mazda pide 37.550 euros y que sólo se puede personalizar con el color de la pintura o con la rueda de repuesto de emergencia, disponibles por unos excesivos 300 euros.
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