Salón del Automóvil de París: Audi quattro concept

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Redacción (París).- Es difícil ponerse a hablar de un coche como el Audi Sport quattro y que no asomen por la mejilla un par de lagrimas de nostalgia. Y es que es muy probable que ni siquiera los mismos responsables de la firma de los cuatro aros podían imaginar las consecuencias de lo que habían creado, hace treinta años. Corría el año 1980 cuando, en un escenario tan especial como el Salón de Ginebra, el fabricante de Ingolstadt presentaba en sociedad un deportivo extremo que pronto derivaría también en mítico.

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Tres décadas después, Audi ha recuperado la esencia de aquel coupé de batalla acortada y más de 300 CV y, respetando sus principios básicos, la ha adaptado al siglo XXI. El resultado es un nuevo Audi quattro que, a pesar de su apelativo de concept, ha despertado algo más que la curiosidad de los presentes.

Se trata de un coche de salón, un showcar pero, debajo de esas formas que difícilmente verán la luz comercial, se esconde una máquina capaz de poner en aprietos nada menos que al R8, el superdeportivo perfecto de Audi.

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Para conseguirlo, no ha habido que buscar muy lejos. Ha bastado con elegir uno de los coches más deportivos que produce actualmente el fabricante alemán, el RS 5, reducir su distancia entre ejes 150 mm, y sustituir el señorial V8 que monta de origen por el cinco cilindros en línea que conocemos del Audi TT RS.

Sobre dicha plataforma se ha construido una carrocería biplaza hecha de aluminio y rebajada 40 mm respecto al coupé de serie. Capó, portón, spoiler y otras piezas, son de carbono. Con ello, se ha logrado reducir el peso hasta los 1.300 kg de un conjunto en el que, estéticamente, se ha combinado el lenguaje de diseño de la actual Audi (la parrilla Singleframe da fe de ello) con inconfundibles guiños a su pasado, como por ejemplo la forma de los pilotos.

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Pero si esto es importante, no menos lo es el trabajo realizado en el propulsor 2.5 TFSI, que montado longitudinalmente sobre el bastidor del concept desarrolla nada menos que 408 CV, frente a los 340 CV que se declaran en la variante más potente del TT. El par, constante en 480 Nm entre las 1.600 y las 5.300 rpm, tampoco es como para tomárselo a broma. Hacer el 0-100 km/h en 3,9 segundos lo confirma.

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La disposición longitudinal del motor era realmente un punto indispensable en el desarrollo de este prototipo, puesto que la tracción a las cuatro ruedas permanente «de verdad» era condición indispensable a la hora de honrar al Audi Sport quattro primigenio.

Pero el respeto a los mayores parece que no impide pasarles por encima cuando de lo que se trata es de exhibir última tecnología. En el quattro concept que hemos visto en París, el diferencial central estrena una nueva concepción, con corona, que le permite variar de forma significativa la entrega de par entre el eje delantero y el trasero en cuestión de milésimas.

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El añadido de un diferencial trasero deportivo, un engranaje gestionado por un embrague multidisco accionado por un actuador electrohidráulico, distribuye activamente la fuerza del motor entre ambas ruedas, con lo que se consigue un comportamiento en curva aún más eficaz.

Ante este despliegue tecnológico, el montaje de una caja de cambios manual de 6 velocidades, en lugar del típico DSG, parece querer hacer un nuevo guiño al pasado aunque, curiosidades de la vida, la primera vez que Audi montó un cambio secuencial fue, precisamente, en el Audi Sport quattro…

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