Prueba Audi A3 Sportback 2.0 TDI 170 S tronic: cuestión de piel

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Prueba realizada por Gabriel Esono

Si hay un coche que se ha convertido por derecho propio en la bestia negra del idolatrado Volkswagen Golf, ése sin duda ha sido su primo el Audi A3. Desde que llegó al mercado, el modelo compacto de Ingolstadt ha aportado un punto (o dos) de prestigio suplementario al que se le supone al automóvil de referencia dentro de la antigua categoría de los cuatro metros, hoy un par de palmos más larga.

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Cuando Audi creó el primer A3, cayó de alguna manera en la misma trampa que BMW y Mercedes-Benz, pues desarrolló un coche de 3 puertas y temperamento más bien dinámico pensando que eso es lo que demandaba el cliente tipo de este tipo de automóvil. Esa parecía la premisa principal del BMW Serie 3 Compact y, posteriormente, del Mercedes-Benz Clase C Sport-Coupe (su denominación lo delataba), predecesor del ahora extinto Mercedes-Benz CLC.

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Todos ellos han acabado rectificando. Por mucho que el perfil de público al que iba dirigido este tipo de coche (compacto de marca premium) sea más bien dinámico y esté dispuesto a renunciar a un gran maletero y una buena habitabilidad, las carrocerías de 5 puertas se han revelado como imprescindibles para lograr un buen volumen de ventas en este segmento.

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La gente de la firma de los cuatro aros lo comprendió tarde, pero a tiempo para lanzar una carrocería más versátil pero menos conseguida de su A3 de primera generación. Para la segunda, que ahora ya está al final de su ciclo de vida, el resultado estético de la variante Sportback es mucho más agraciado y demuestra que formaba parte del desarrollo del coche desde el inicio.

Así pues, el Audi A3 Sportback se presenta como una opción más práctica sin perder de vista el lado emocional, una estrategia que secundan tanto el BMW Serie 1 y, con un enfoque algo diferente, el híbrido Lexus CT 200h.

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Ríos de tinta se han escrito sobre las bondades del motor 2.0 TDI del Grupo Volkswagen. Tan capaz de impulsar con éxito desde un coche de representación como el Audi A6 hasta un modesto deportivo como el SEAT Ibiza FR, este bloque de 1.968 cc por norma ha satisfecho por su sobresaliente combinación entre prestaciones y consumos.

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Con la llegada del common-rail en sustitución de los inyectores-bomba de la anterior generación, los TDI de cuatro cilindros han eliminado de raíz su peor defecto: el del escaso refinamiento. Ahora, gracias al conducto común las pistonadas ya no generan ese sonido penetrante ni esas vibraciones que, aunque soportables, resultaban poco justificables en un automóvil que luce el símbolo de una marca de lujo, sea del tamaño que sea.

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La variante de 170 CV del 2.0 TDI, montada en el vano motor del Audi A3 Sportback, ha vuelto a destacar por sus prestaciones como lo hizo en su momento en el Audi TT que tan buen sabor de boca nos dejó, o por supuesto en el SEAT Leon FR y Volkwagen Golf GTD. Su gran poder de aceleración y aún mejores recuperaciones son más que suficientes para mover con calidad de deportivo a este compacto premium.

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Y si encima monta el cambio secuencial S tronic, ni te cuento, a pesar de que sigo pensando que esta transmisión es más satisfactoria cuando se asocia a un motor de gasolina que a un diésel.

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En cualquier caso, he echado de menos un mayor salto en prestaciones respecto al motor 140 CV en el anterior Audi A3 que probamos. Puede que aquel estuviera muy bien afinado, o que el S tronic filtre un poco las sensaciones, pero el resultado es que pisando el acelerador con el TDI 170 no da la sensación de tener mucha ventaja respecto al más modesto. Por eso, teniendo en cuenta que los dos permiten mantener velocidades muy altas, uno se pregunta si realmente es necesario ese “algo más”.

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Los consumos tampoco serán los que decanten la balanza. A nosotros, durante los más de 630 km que recorrimos con él, la media se nos quedó en unos muy buenos 7,3 l/100 km, 0,5 litros menos que el tentador TT con tracción quattro y 0,8 litros más que el A3 con carrocería de 3p y cambio manual. Son cifras que indican bastante bien la frugalidad de este motor, independientemente del trato a que sea sometido.

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La colaboración entre todas las marcas del Grupo Volkswagen vuelve a tener una clara repercusión en este apartado, donde la excelente factura del bastidor juega claramente a favor del Audi A3.

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El chasis de este compacto, que comparte con modelos como el SEAT León o el Volkswagen Golf, ha permitido a Audi contar con un modelo de comportamiento impecable. Preciso a la entrada de las curvas y fiable en la ejecución, no esperes de este coche un mal gesto, ni siquiera forzando mucho la situación.

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Es uno de esos coches que hacen exactamente lo que el conductor quiere hacer, y a veces sin que éste se cuenta, ya que perdona los errores de apreciación de la forma más natural. Si entras colado el subviraje es discreto pero muy fácil de corregir, mientras que para las improvisaciones a media curva ya están la suspensión multibrazo del eje trasero o, en caso de excesos muy evidentes, el poco intrusivo pero muy eficaz ESP.

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Otra cosa es que uno se quiera divertir de lo lindo con este coche. Sí, se puede hacer aunque no tenga tracción trasera, porque su motor permite una gran variedad de discursos sobre el asfalto, pero igual que el common-rail es suave, las suspensiones, incluso las deportivas del paquete S line, no olvidan tratar con cierto mimo a los ocupantes. Así, se ha sacrificado un punto de eficacia pura por una mayor calidad de vida a bordo.

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Otra de las ventajas de pertenecer a una marca de prestigio es que, en cuanto a calidad de acabados, hay detalles que te vienen de más arriba, y eso se nota.

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La sobriedad en el diseño del salpicadero podrá gustarte más o menos, pero da gusto sentarte frente a él y ver (y sentir) que todo está en su sitio y que casi todo lo que tocas lo puedes experimentar en coches de alto rango.

Si acaso, puestos a rechistar, en algunas zonas del Audi A3 Sportback, como la zona inferior de las puertas, la dureza de los plásticos deja claro que, incluso dentro de una misma marca, aún hay clases.

Son, en cualquier caso, detalles menores en un coche de factura impecable y con una habitabilidad y maletero suficientes para cinco adultos y su equipaje.

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Audi fue, entre las marcas de lujo, la primera que hizo un verdadero intento por acercarse a segmentos considerados hasta entonces más populares. Es por ello que tiene ventaja frente al resto y, hasta el momento, ha sabido jugarla adecuadamente.

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El Audi A3 Sportback es un coche cuyo mayor inconveniente radica precisamente en su halo distintivo.

Esta versión en concreto, con el motor 2.0 TDI 170, cambio S tronic y acabado Ambition, se pone en los 34.270 €, a los que luego se pueden añadir los 1.990 € del paquete deportivo S line (suspensión deportiva, llantas de 17”, volante de tres radios, tapicería mixta tela/cuero, etc), más los 1.740 € del paquete exterior S line, para que luzca más.

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¿De verdad merece la pena pagar entre 24.020 € y 55.900 € por un coche de cinco plazas y buen maletero, sabiendo que hay coches más baratos con los que comparte componentes esenciales?

Bueno, la duda siempre estará ahí, pero mucha gente tiene claro qué decidirían si tuvieran que elegir entre un Samsung Galaxy y un iPhone 4. ¿O tal vez no?

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