La evidente mejora que están experimentando los motores de combustión interna no oculta, sin embargo, una realidad muy viva durante décadas: nuestra movilidad, colectiva o individual, depende en gran medida del petróleo. Vestido de preocupación ambiental, lo cierto es que en los últimos tiempos nuestros gobernantes han puesto el foco en el automóvil, obligando a los constructores a cumplir una serie de requisitos con el ánimo de que, en un futuro a largo plazo, los desplazamientos quemando gasolina (o gasóleo) sean menos que los de cero emisiones.


Dicho y hecho, en apenas cuatro meses el equipo de la empresa de servicios de ingeniería para el automóvil con base en L’Albornar (Tarragona), ha creado partiendo de cero un prototipo, al que han bautizado como Volar-e, que cumple con una serie de requisitos, entre los que destacan los siguientes: 1.000 CV de potencia y 1.000 Nm de par motor y carga rápida de las baterías en 15 minutos.

Ello, no obstante, no le impide declarar una velocidad máxima de 300 km/h, a la que es de capaz de llegar en apenas 14 segundos, 6 segundos después de haber alcanzado los 200 km/h, aunque la autonomía de la batería, estimada en unos 180 km, sigue siendo una de las asignaturas pendientes de este tipo de vehículos. De la capacidad de frenada se encargan unos discos carbono-cerámicos en ambos ejes.

Hay que tener en cuenta que se trata de un ejemplar que sirve de escaparate rodante para demostrar lo que se puede hacer con la energía eléctrica si se ponen los medios para ello pero, a pesar del nombre del proyecto (Promotion of Electric Vehicles Technologies; Complete construction of an electric car designed for competition), no está en la mente de ninguna de las partes implicadas comercializar el Volar-e ni disputar con él ninguna competición.
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