Prueba realizada por Gaby Esono



El Cayenne, sin embargo, nunca formará parte de la historia del motor como sí lo hace el 911. Sólo hay que fijarse en un detalle. Si hay una carrocería cuya línea es claramente identificable por cualquiera que no entienda nada de automóviles, esa es sin ninguna duda la del Porsche 911 Carrera. No importa si te gustan los coches o no, si te has retirado a un convento budista o eres un hipster sin saberlo: poniendo uno junto a otro los 10 coches más relevantes de la historia del automovilismo, me juego lo que quieras a que la inmensa mayoría de encuestados serían capaces de identificarlo; si acotara la muestra a los lectores de este artículo, el acierto sería del 100%, naturalmente.

No es que este deportivo sea el coche más potente que ha pasado por mis manos en este tiempo. Para alardear de poderío mecánico ya estaban los 555 CV del V8 biturbo del BMW X5 M y el BMW X6 M; y tampoco olvidaré fácilmente cómo el ronco gorgoteo al ralentí del V10 del Audi R8 se convertía en un aullido desesperado a 8.000 vueltas en apenas unos segundos. Eran 520 CV, pero parecían mil empujando por detrás de mi espalda sin miramientos. No, el Carrera 4 no juega en esa liga. Para eso ya está su hermano más vitaminado, el Carrera 4S, pero sobre todo los 911 Turbo y 911 GT3.


Millones de conductores han conducido ya alguna vez alguna de sus decenas de variantes; desde pipiolos hijos de papá hasta campeones del mundo de cualquier especialidad del automovilismo. Entonces, ¿qué puedo aportar yo? Pues básicamente, las sensaciones de alguien que, hasta hoy, sólo había podido leer lo que otros explicaban sobre qué tiene el Porsche 911 Carrera de especial.
[/tab] [tab name=’Desde dentro’]A menudo lo que hace grande un acontecimiento son los pequeños detalles. Mi experiencia con el nueveonce está plagada de ellos, pero me quedo con uno en especial.






El que lo haga, tendrá tiempo de aprenderse de memoria para qué sirve cada uno de los 42 botones que he llegado a contar entre el salpicadero y la consola. Igual es algo bueno que haya un botón para cada función, en lugar de un mando giratorio como hacen el resto de fabricantes alemanes premium, pero es que hasta el freno de mano es eléctrico. Otra pista de que este este Carrera, radical, lo que se dice radical, no es.
[/tab] [tab name=’Me pongo a conducir’]Motor bóxer de seis cilindros opuestos y admisión atmosférica. Parece mentira que, con lo que avanzan los tiempos, esta configuración mecánica siga siendo plenamente válida, si le pones el empeño necesario, claro está.







Para conocer bien de verdad un coche como el Porsche 911 Carrera 4 no basta con los poco más de mil kilómetros que le pude hacer en los escasos tres días que pude contar con él.








Estuvimos un rato en la rotonda charlando de nuestras cosas y tocando botones, hasta que llegó el momento de dar media vuelta. Mia trató de despedirse con otro recital pero esta vez, saliendo desde parado, el subviraje hizo acto de presencia. Lo intentó varias veces, y en todas ellas los faros apuntaban hacia fuera y pese al guiño hacia el interior de las ruedas delanteras. Algo no funcionaba. ¿Habríamos vuelto a conectar algún control? Parecía que no. Nuevo intento, esta vez con más decisión y esta vez sí. “Faltaba gas”, me confirma con naturalidad. “Parece que sí”, le respondo sonriendo, fingiendo que me parece normal cruzar 350 CV como si tal cosa.
[/tab][tab name=’El precio de un icono’]
“Conduce un deportivo cualquiera y sólo verán el coche, conduce un nueveonce y te verán a ti”. No sé si Coco Chanel se subió alguna vez a un Porsche, pero por unos días yo me sentí plenamente identificado con esta frase, porque nunca antes me había pasado que al conducir un coche la gente al pasar me mirara a mí. Hasta que llegó el 911.



