Prueba realizada por Gaby Esono
Puede que el titular de esta prueba me haya quedado un poco regio, pero nada más lejos de mi intención. El Mazda3 SportSedan Skyactiv-D 2.2 150 no pretende ser un coche señorial, por mucho que se trate de una berlina de 4 puertas. Antes al contrario, a pesar de formar parte de ese reducido grupo de modelos compactos con carrocería de 3 volúmenes que, por tamaño, se acercan al segmento superior, su enfoque es el típico del chico para todo -y algo más- propio de los antiguamente llamados «cuatro metros».
La razón de ser de este nicho de modelos de 4 puertas en formato relativamente contenido no es otro que ofrecer una alternativa a quienes, por vocación o necesidad de espacio, apuntarían a coches de mayor tamaño, pero que han decidido dedicar un presupuesto más reducido a su inversión en movilidad familiar.
No en vano, a la hora de marcar un techo al dinero que uno se gasta en el coche, no resulta sencillo decidir entre uno decididamente grande y de prestaciones modestas, o uno aparentemente grande y que permita realizar cruceros a plena carga sin que tengamos nada que reprocharnos.
Este es el caso del Mazda3 SportSedan con el motor Skyactiv-D de 150 CV, un propulsor del que guardaba un muy grato recuerdo después de haberlo probado en el Mazda CX-5 y en el Mazda6 SportWagon, de modo que tenía grandes expectativas puestas en lo que podía dar de sí en una carrocería más ligera que la del estupendo familiar y con menor lastre y resistencia aerodinámica que la del resuelto crossover.
Aunque decía al principio que el segmento de las berlinas derivadas de compactos es más bien reducido comparado con generaciones anteriores, aunque el elenco de rivales al que se enfrenta el Mazda3 SportSedan es suficientemente amplio como para pasar unas cuantas horas visitando concesionarios: apunta a modelos como el pretendidamente dinámico Opel Astra Sedan, el polivalente Ford Focus o el enorme Volkswagen Jetta, pero también, con el salto dado por Mazda en sus últimas generaciones de modelos, el compacto nipón podría resistir comparaciones con el Audi A3 Sedan y, ya que estoy señalando un modelo premium, no puedo dejar de lado el Mercedes-Benz CLA. De acuerdo, la imagen de Mazda está muy separada de la de las clásicas de lujo europeas, pero si sigues leyendo igual te puedes hacer una idea de por qué me atrevo a llevar tan lejos a este japonés.
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[tab name=’Al volante’]
Hasta ahora, cada vez que me he topado con un Mazda, me he quedado con las ganas de tenerlo más tiempo. De hecho, incluso el Mazda3 Skyactiv-G con sus modestos 120 CV me dejó en la prueba un regusto dulce que no hizo más que alimentar mi deseo de probar una unidad con un motor con mayores pretensiones, como es este caso.

Durante la prueba, con muchos kilómetros realizados con 5 ocupantes, necesitó una media de 5,9 l/100 km, récord en su segmento en las pruebas de Cochesafondo (empatado con el Mercedes-Benz Clase A o el Volkswagen Golf Variant) de manera que los 3,9 l/100 km homologados por la marca, aun pareciendo un poco optimistas, son bastante verosímiles.



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Sujeto por un esquema de suspensiones que ya no sorprende a nadie, con un eje delantero McPherson y multibrazo posterior, el equilibrio entre confort y firmeza es sin embargo uno de los mejor conseguidos de su segmento. Con eso me quedo.
[/tab] [tab name=’Interior’]El salto sustancial que han experimentado los modelos de esta última generación de Mazda no solo se percibe en los diseños de sus carrocerías, rendimiento de sus motores o eficacia de sus bastidores. La forma como se sienten tratados sus ocupantes, especialmente los delanteros, cuando suben al habitáculo del Mazda3 SportSedan, también es de las de apuntarse como referencia, aunque con ciertos matices.


El puesto de conducción, en cualquier caso, es magnífico, de esos pocos en los que uno se siente cómodo en pocos segundos. La distribución de los mandos principales correcta e intuitiva, incluido el que controla el sistema de información y entretenimiento, ubicado en la consola central.
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No acabo de ver claro hasta qué punto es estéticamente acertado que la pantalla multifunción sobresalga del salpicadero como si fuera un anexo (del mismo estilo que los que está usando Mercedes-Benz, pero táctil), en lugar de estar integrada, aunque sí me gusta su funcionamiento, ya que se accede muy rápido a las diferentes funciones (radio, navegador, teléfono, ajustes…), y el diseño de los gráficos, más elaborados que los que suelen verse por ahí.

Del Mazda3 SportSedan me gusta sobre todo que es un coche que apetece conducir. La combinación del motor Skyactiv-D de 
De esta berlina sí se puede decir que tiene un tacto de coche del segmento superior, porque realmente en muchos sentidos se trata de un coche muy bien trabajado, con un nivel de ajustes y acabados por encima de la media, pese a ciertos detalles. Un coche que da gusto, vamos.
[/tab] [tab name=’Me gusta menos’]Decía antes que con el Mazda3 SportSedan apetece aventurarte a hacer miles de kilómetros solo o con el coche lleno, aunque la marca ha priorizado la satisfacción de quien conduce y de su acompañante.

[/tab] [tab name=’Conclusión’]
El Mazda3 SportSedan Skyactiv-D 150 de esta prueba contaba con el acabado Luxury, el más completo disponible, por el que piden 27.100 euros (24.600 euros la versión Style).


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