Prueba realizada por Gaby Esono
Hace poco más de un año comenzó a comercializarse el BMW i8, el sueño de cualquier amante del automóvil que sea, a la vez, adicto a la última tecnología. O adicto a la última a secas, eso también sirve.
La cuestión es que la firma bávara ha hecho realidad un coche que, cuando fue desvelado en el verano de 2009 como un concept car llamado BMW Vision EfficientDynamics, pocos podíamos imaginar que aquella futurista y fantasiosa creación rodaría prácticamente tal cual por nuestras calles, con matrícula y todo.
BMW, sin embargo, fue cumpliendo una tras otras las fases que se fue marcando, y que pasaban por crear una marca específica para señalar a los modelos creados con la propulsión eficiente y la construcción ligera como principales prioridades.

Salvo por el hecho de que no vuela, diría que con este coupé 2+2, BMW i le ha ganado la partida a las películas de ciencia ficción que en los años ’80 y ’90 trataron de anticipar lo que serían los automóviles de hoy en día, por lo menos en lo que a diseño se refiere. La gente de Múnich ha conseguido dibujar una carrocería que, aun a riesgo de parecer osado, diría que se adelanta alguna década que otra a los coches de próximas generaciones.





El BMW i8 es un coche especial, eso está claro. Lo es desde luego para la propia BMW, que antes de entregarme el mando a distancia del coche (iba a decir llave, pero habría sido un anacronismo) me hicieron firmar unos documentos en los que me comprometía a cuidar del coche como si no fuera mío.


Recorrí unos 20 kilómetros sin generar nada más que una gran expectación a mi alrededor (oficialmente, la autonomía en modo eléctrico es de 37 kilómetros), alcanzando en algún momento la velocidad máxima limitada a 120 km/h, hasta que me cansé de ver conductores cogiendo sus móviles y haciendo maniobras extrañas para hacerle fotos al BMW i8. Pulsé el botón eDrive para desactivar el modo eléctrico y oí por primera vez el sonido del tricilíndrico posterior.
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Tres cilindros, ni uno más, son los que se oyen a tu espalda. En esencia, podría decirse que se trata del mismo bloque de la prueba del Mini Cooper. Ahora bien, es en un coche como el BMW i8 donde el motor 1.5 TwinPower Turbo de gasolina de BMW va camino de convertirse en una leyenda.



El momento de conducir
En ese momento se activa el modo Sport, en el que los dos motores, el eléctrico delantero y el tricilíndrico posterior, se ponen de acuerdo para darlo todo en cuanto se lo pidas, que no es otra cosa que una potencia conjunta de 462 CV y un par aproximado de 850 Nm.


De hecho, para ser sincero, del consumo me preocupé poco porque tenía más curiosidad por saber cómo se comportaba en carretera. De haberlo hecho, en lugar de los magníficos 8,4 l/100 km que arrojó en el conjunto de la prueba (insisto, hecha sin pensar en los consumos) con toda seguridad habría bajado de los 6 o incluso los 5 litros. Y, pese a ello, es de lejísimos el coche de más de 300 CV que ha ofrecido menores consumos en una prueba de Cochesafondo. Bravo por la eficiencia.




Si por fuera se ha hecho un gran trabajo para conseguir que la futurista carrocería del BMW i8 tenga ciertos signos de identidad que la emparenten con el resto de la gama de Múnich, por dentro el camino ha sido justo al contrario. Partiendo de un diseño del salpicadero claramente BMW, se ha evolucionado dotándolo con unas curvas que le dan otro aire, más futurista por supuesto, pero que no dejan lugar a dudas de la marca que está detrás de este osado experimento.

Subirte y bajarte de un coche de apenas 1.293 mm de altura y en el que los asientos van prácticamente pegados al suelo nunca es tarea fácil. En el BMW i8, además, contamos con el agravante de la apertura de las puertas hacia arriba, que no imaginas lo que fardan, y desde luego quedan de muerte en las fotos, pero que exigen entrar con el cuerpo inclinado hacia atrás para no golpearte la cabeza.

Luego, con la práctica resulta más sencillo de lo que parece a primera vista, pero unos mínimos de elasticidad y fuerza son necesarios.



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Por norma me gustan los coches osados y diferentes, y el BMW i8 es el que más destaca en este sentido de los lanzados en los últimos tiempos.

Lejos de ser radical, se trata de un coche que aporta altas prestaciones pero resulta conducible en el día a día, porque carece de la rudeza de otros deportivos que sí son salvajes, como el Audi R8, cuyas pretensiones son otras. Más clásicas diría yo. El BMW, en cambio, me da que está poniendo la base de cómo serán los coches de altas prestaciones en un futuro próximo. Y a los más conservadores les parecerá mejor o peor, pero la próxima generación de conductores puede que no entienda el mundo del motor de manera diferente a como lo presenta el i8.
[/tab] [tab name=’Me gusta menos’]Como no soy especialmente tímido y ya he dicho que me gustan los coches diferentes, no puedo criticar que el BMW i8 sea un coche que atrae las miradas de absolutamente todo el mundo.

El otro aspecto que puede llevar a cierta decepción es la relación entre su espectacular aspecto y su rendimiento en carretera. No es un avión, aunque lo parezca y, aunque las concesiones a la eficiencia se han reducido al mínimo, las hay.

¿Se puede decir que esto sea un defecto? Por supuesto que no. Pero es lo que tiene no haber nacido dentro de 20 años, que los referentes que uno tiene hacen que me resista a imaginar un mundo con pocos pistones.
[/tab] [tab name=’Conclusión’]El precio de salida del BMW i8 son actualmente 139.200 euros, en lugar de los 129.900 euros que pedían en el momento del lanzamiento, ya que la marca ha decidido incorporar de serie equipamientos como el driving assistant (paquete de sistemas de asistencia al conductor basados en cámara incluye regulador de velocidad activo, Speed Limit Info, asistente de luz de carretera, reconocimiento de peatones con función de freno en ciudad y aviso de aproximación con función de freno en ciudad). Es mucho dinero para un coche en términos absolutos, pero bastante razonable teniendo en cuenta que estamos hablando de un deportivo diferente a todo lo visto hasta ahora. Y que además, dicho esto con todas las reservas posibles, anticipa el futuro del automóvil a medio plazo.




