Desde que llegó al mercado el BMW Serie 1, para la gente de Múnich se planteaba un dilema de difícil solución: ¿cómo se debía denominar a la variante desarrollada por BMW M GmbH?



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Entre los detalles que distinguen a este propulsor del resto de la familia es su construcción “closed-deck”, en la que los conductos de refrigeración no rodean por completo a los cilindros y se mejora la rigidez, así como unas camisas de fundición gris más ligeras y que reducen las fricciones internas, o unas bujías de alto rendimiento.


Los consumos y emisiones de CO2 homologados para el M DKG y el manual son de 7,9 l/100 km y 185 g/km, y 8,5 l/100 km y 199 g/km respectivamente.

El equipo de frenos, por su parte, se confía a unos discos de material compuesto, autoventilados y perforados, de fundición gris, de 380 mm de diámetro enfrentados a unas pinzas azules de 4 pistones el eje delantero, y de 370 mm con mordazas de 2 pistones en el posterior. De poner todo este poderío en orden se encargan unos neumáticos Michelin Pilot Super Sport de medidas 245/35 R 19 delante y 265/35 R 19 detrás.



