Prueba realizada por Gaby Esono
Recuerdo bastante bien la época en la que Infiniti aterrizó en España. Fue en el año 2008 y yo me estaba formando para ser periodista del motor. En una de las asignaturas del master que cursaba, dedicamos una clase a comprender cómo se posicionaba una nueva marca en el mercado, fenómeno que por otra parte no ocurre demasiado a menudo.





Frente a ellos, el exotismo oriental del Infiniti Q50 no oculta sus verdaderas intenciones: lujo sí, pero divertirse conduciendo también. Y para lograr un buen equilibrio entre ambas facetas nada mejor que crear una buena y preciosa berlina, con cierta ayuda, dicho sea de paso. Gracias a la red de concesionarios Quadis he podido realizar esta prueba, y averiguar así si la marca japonesa ha conseguido su objetivo.
[/tab] [tab name=’Al volante’]Para asegurarte un nivel de ventas razonable en Europa en un segmento como el de las berlinas medias premium es obligatorio contar con un motor diésel que ofrezca cierto nivel de prestaciones. Englobada en la Alianza Nissan-Renault, Infiniti ha salido beneficiada de las colaboraciones que el grupo franconipón mantiene con Daimler, que en este caso es la proveedora del motor diésel del Infiniti Q50 2.2d.


Apoyada en un cambio automático de 7 velocidades, se trata de un grupo propulsor más que suficiente para contar con unas muy buenas prestaciones en todo tipo de vías, aunque con matices.

Dos cosas hicieron que le restara importancia a esta impresión. La primera es la dirección adaptativa directa que Infiniti estrenó precisamente en el Q50. Se trata de una dirección en la que el volante no tiene conexión mecánica con las ruedas, sino que envía la señal de giro y unos motores eléctricos las ejecutan. Peculiarmente directa y precisa, también reduce el nivel de vibraciones, sin que por ello se pierdan sensaciones respecto a lo que pasa en el asfalto.
La segunda fue la tecla de desconexión del control de estabilidad. Con este imprescinble sistema de seguridad activa en alerta, el Infiniti Q50 2.2d no permite el más mínimo escarceo con los límites de adherencia. En cuando hay un mínimo deslizamiento de cualquier rueda, se pone todo en funcionamiento para que la carrocería vaya exactamente por donde estamos señalando con el dedo índice. Ahora bien, si un día te levantas travieso, te invito a que te pruebes a ti mismo y pulses la tecla en cuestión para dejar un cierto margen de libertad al eje trasero.
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Y es que si algo tiene -o debería tener- de bueno la tracción trasera es que te permite remontarte a los tiempos en los que la conducción requería usar bien las manos, y el Infiniti Q50 es uno de los pocos coches hoy en día que todavía te lo permite.

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A menudo, cuando montas en un sitio una pieza que había sido diseñada para otro, por muchos ajustes que le hagas, te deja la sensación de que no queda igual. El motor turbodiésel del Infiniti Q50 2.2d es un ejemplo de ello. Por entrega de fuerza y potencia, ya lo he explicado en el apartado anterior, es como un caballo percherón. Sin embargo, carece del refinamiento que se le supone tanto a Infiniti como a Mercedes-Benz, su fabricante.

Afortunadamente, sentado al volante todo está como uno espera. Mandos y teclas en su sitio, la mayoría de buen tacto y presencia (incluso las de desconexión del ESP, Start&Stop y apertura del maletero, ocultos a la izquierda del volante pero con un remate cromado), corroboran la impresión de que se ha prestado mucha atención a la calidad percibida incluso en los detalles más

Como contrapartida, el vistoso salpicadero está presidido por una enorme pantalla táctil multifunción, bastante rápida y de manejo intuitivo, es de lo más parecido a un móvil o una tablet de buen funcionamiento que he visto últimamente. Será que hay que ser marca premium para contar con un buen sistema de información y entretenimiento, pero incluso entre las marcas de lujo, me ha parecido de las más completas y agradables de usar.
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Esto demuestra, una vez más, que la gente de Infiniti ha tenido muy en cuenta al conductor para desarrollar el Q50. Y, como si fuera una penitencia, los ocupantes de las plazas traseras no reciben el mismo trato.

Por otra parte, la atractiva caída de su carrocería tiene una clara consecuencia en la altura disponible, no apta para adolescentes del siglo XXI. No obstante, estos contarán con una visibilidad hacia delante privilegiada, resultado de una banqueta colocada a una altura bastante elevada respecto a la de los asientos delanteros. Eso, de todas formas, limita bastante la visibilidad posterior.
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Para acabar con el interior, sus 500 litros de capacidad son un muy buen registro, penalizado sin embargo por unas formas irregulares. En lugar de aprovechar en el diésel para hacer un buen doble fondo (en el híbrido el maletero se queda con 400 litros por culpa de las baterías), han preferido darle más importancia al volumen. No así a la practicidad, porque los tiradores para desbloquear el respaldo (dividido en partes asimétricas 40/60) no hacen que este baje, con lo que después de accionarlos tienes que volver a las plazas traseras para completar la operación.
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Distinguirse de los demás en un segmento tan encorsetado como el de las berlinas medias, especialmente las premium, resulta bastante complicado. A nivel estético, diría que las líneas del Infiniti Q50 consiguen con creces ese objetivo.


También me ha gustado la presentación general del interior en las plazas delanteras, muy bien resuelto y con materiales a la vista de buena calidad, y que cuente con un sistema de conectividad de última generación.
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El funcionamiento del motor es poco refinado, demasiado presente en el interior, y lo poco dispuesta que se ha mostrado la caja de cambios a realizar una conducción deportiva son las principales lagunas que le he encontrado.

Ya estamos acostumbrados a que los fabricantes en general tengan poca consideración por la plaza central posterior, y que baje su status claramente respecto a las laterales, pero en el Infiniti Q50 me ha parecido especialmente incómoda.

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Por 48.775 euros (46.150 euros con el cambio manual), esta versión incluye de serie los asientos deportivos con regulación eléctrica, control de presión de neumáticos, la dirección con sistema adaptativo, llantas de 19 pulgadas con neumáticos runflat, la llave inteligente y el navegador, entre otros.
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