
Curiosamente, la persona que ganó el sorteo no acudió a la cita, de modo que se presentó voluntaria Natalia, que trabaja en el departamento de márketing de Turiauto.

Como se suele decir, lo que pasó en Las Vegas se queda en Las Vegas. Quizá por ello no quise preguntarle si su sonrisa al bajarse era de emoción por la experiencia o de alegría por volver a pisar el suelo…
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Prueba realizada por Gaby Esono
Alfa Romeo se está tomando su tiempo para recuperar su imagen de marca clásica, fabricante de coches con carácter, claramente deportivos.

Sin embargo, el pasado mayo Sergio Marchionne, director ejecutivo del consorcio italiano, anunció que entre los planes de futuro para todas sus marcas, la del biscione sería precisamente a la que se le augura un futuro más prometedor.

Para ello, a su gama de modelos actual, compuesta por el MiTo, el Giulietta y este precioso 4C de las imágenes, se incorporarán 8 novedades en los próximos 4 años: un deportivo superior al 4C, dos compactos que reemplazarán al Giulietta, dos carrocerías del segmento de las berlinas medias (sucesoras del Alfa Romeo 159) y otra del segmento superior (al que Alfa vuelve tras el 166, rival de los BMW Serie 5, Audi A6 y Mercedes-Benz Clase E) y dos SUV que responderán a la moda campera imperante en la actualidad.



El Alfa Romeo 4C es una especie de golpe en la mesa para recordar a todo el mundo que no se les ha olvidado de donde vienen.
Y, sobre todo, es un aviso a navegantes: “Seguimos aquí, y esto es sólo el principio”.
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[tab name=’Qué es el Alfa Romeo 4C’]
Cuatro cilindros. Sólo cuatro. Eso es lo que significa Alfa Romeo 4C. Su motor de aluminio, turbo e inyección directa de gasolina, desplaza 1.750 cc y está montado en posición central. Ahí es donde se debe colocar un motor si se quiere hacer un deportivo de verdad.

Cuando en Alfa Romeo se plantearon el desarrollo de este biplaza, para conseguir unas altas prestaciones prefirieron apostar por la ligereza antes que por la potencia bruta. “La potencia es cara y pesa más”, debieron pensar.
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Y es cierto, aunque el camino opuesto tampoco es barato precisamente. Acero, aluminio, SMC aligerado (plástico reforzado con fibras) y, sobre todo, la fibra de carbono con la que se moldea el chasis conforman un automóvil que, en seco, pesa 895 kg. Esto significa que cada CV de potencia tiene que arrastrar apenas 3,7 kg de peso. Como si de un coche de competición se tratara.

Desarrollado por FPT (Fiat Powertrain Technologies), este cambio mantiene el principio conocido en otros de este tipo, en el que mientras una marcha está insertada, la superior está ya lista para engranarse cuando así lo indique el conductor (cuenta con levas en el volante) o la centralita que lo gestiona.
Su gran ventaja, dicen, respecto a otros secuenciales de doble embrague conocidos, es que parte de una caja de cambios manual, a la que se le ha adaptado la automatización. Ello ha permitido una mayor sencillez del mecanismo y también una mayor ligereza.
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[tab name=’Cómo es el Alfa Romeo 4C’]
El Alfa Romeo 4C me tenía engañado. Bajo esa apariencia contenida y coqueta, que lo haría ideal para moverse con soltura por los transitados bulevares y puertos deportivos, lo que me encontré fue un deportivo que admite muy pocas concesiones.


Tampoco pensé en la dirección, que no tiene asistencia. En parado, por tanto, obliga a hacer unos esfuerzos sobre el volante que recuerdan a otros tiempos.
Además, es muy directa y tremendamente sensible, incluso demasiado, porque notas hasta la china más pequeña que encuentras en el asfalto, y porque un milímetro de giro tiene un efecto inmediato en la trazada (aunque vayas en línea recta…). Un motivo más para poner todos los sentidos si no quieres desviarte del camino.
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A ello contribuye también el equipo de ruedas que montaba esta unidad, unos Pirelli P Zero desarrollados específicamente para el 4C, 205/40 en llanta de 18 pulgadas delante y 235/35 R 19 detrás (opción por 1.400 euros). Entre que son unos neumáticos tremendamente eficaces de por sí, y que se trata de un peso pluma, no me dio la sensación de que sufrieran ni siquiera cuando puse a prueba la función Launch Control. Un par de veces…
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Y por fin está el sonido. Sin apenas filtración, el habitáculo se convierte en una especie de caja de resonancia. No solo te mantiene perfectamente informado de cómo los pistones aceleran su carrera, sino que también puedes oír cómo fluye el aire por los colectores de admisión, o cada vez que se abre la válvula de descarga del turbo. Lo mismito que un GTI o un R de esos que circulan hoy en día por ahí.

Igual es que soy más joven de lo que pensaba, pero lo cierto es que los rudos modales del Alfa Romeo 4C me sorprendieron al principio. Su recuerdo, en cualquier caso, me tiene cautivado.
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No conozco ningún otro coche en el mercado que regale semejante torrente de estímulos y que invite a conducir –o mejor dicho que obligue- como lo hace este biplaza italiano. Bueno, sí, recuerdo el PGO Cevennes, un producto muy artesanal y aún más minoritario que este coupé, aunque muy alejado de las impresionantes prestaciones que ofrece el 4C.


Con el sistema DNA (que cambia la configuración electrónica de la centralita) en posición D, la respuesta al acelerador es inmediata. Tanto del motor como del cambio que, por cierto, me dio la sensación de que en esta ocasión han cambiado suavidad por rapidez. Y gracias a ello, con el tiempo te puedes animar a jugar con el diferencial electrónico Q2 a ver hasta dónde se puede redondear una curva.
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El Alfa Romeo 4C es un coche para los verdaderos amantes de la conducción en estado puro. Su tamaño engaña, porque parece un juguete. Y lo es, pero para gente seria. Es para quien disfruta conduciendo después de haber aprendido a hacerlo como debe hacerse, dejando que alguien te enseñe. Autodidactas abstenerse.


A ese precio se le pueden añadir toda una serie de equipamientos que incrementan sensiblemente la factura. Desde decorativos como los embellecedores de los faros en fibra de carbono (1.400 euros), las pinzas pintadas en negro, rojo o amarillo (375 euros), la tapicería de piel roja (1.500 euros) e interior bicolor juego (300 euros); a otros que delatarán tus intenciones, como los neumáticos racing (1.000 euros).
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