Prueba realizada por Gaby Esono
Un responsable de una de las marcas premium “populares” me comentaba en el pasado Salón de Ginebra 2014 que era una suerte trabajar en una marca como la suya porque, “modestia aparte, se vende sola”. No le faltaba razón.


¿Qué ocurre entonces cuando Cars Gallery, concesionario Aston Martin en Barcelona, te llama para participar en una toma de contacto de un modelo de su gama?

Al echar un vistazo a la lista de vehículos disponibles, la vista se me quedó clavada en uno en concreto: Aston Martin Vantage V12 S. Doce razones tuve, las justas y necesarias, para elegir este coupé biplaza frente a otras opciones que también eran de lo más interesantes.
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Imagina que un día te levantas con la idea de que vas a probar un Aston Martin. Sabes ese Aston Martin se llama V12 Vantage S. Y recuerdas que con esa S la firma de Gaydon explica, como quien no quiere la cosa, que según ellos se trata del coche de producción con mejor aceleración del planeta: de 0 a 100 km/h en apenas 3,9 segundos.

Sin ninguna duda, lo que hace especial a este biplaza es la joya que oculta, a duras penas, bajo su prolongadísimo y estrecho capó. El motor 6.0 V12 de aluminio que Aston Martin produce en la planta de Ford en Colonia (aunque no por mucho tiempo, después del acuerdo alcanzado con Mercedes-Benz AMG) es una de las pocas reliquias atmosféricas de alta cilindrada que quedan en el mercado.


Al más puro estilo speed dating, había poco tiempo para presentaciones y para conocernos el uno al otro. Lo primero fue hacer las fotos, una sesión necesariamente rápida. Lo siguiente fue ir a ver de qué son capaces 573 CV en una carretera muy estrecha y bacheada, ideal entre otras cosas para sentir en tus carnes la diferencia entre los modos ‘Normal’, ‘Sport’ y ‘Track’ de la suspensión adaptativa.



No puede ser de otra manera, porque por lejos que se hayan propuesto ponérselos, el V12 Vantage S los alcanza con una facilidad pasmosa.

¿Es este biplaza realmente capaz de alcanzar los 100 km/h en menos de 4 segundos? No lo sé. Lo que sí sé es que tal como acelera sus “apenas” 1.665 kg de peso, más que un cronómetro, lo que necesitas es un medidor de adrenalina.
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Una de las razones por las que no tiene mucho sentido hablar de cifras en un coche como éste es porque algunas pueden llevar a engaño. Un ejemplo, su longitud: 4.385 mm. O lo que es lo mismo, 36 mm más que un Volkswagen Golf de 5 puertas.




Qué menos. Sus asientos te sujetan sin miramientos y no debes esperar de ellos que filtren lo que la suspensión transmite al interior, que viene a ser algo así como absolutamente todo, la pongas como la pongas.
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Si un coche debe proporcionar sensaciones, el Aston Martin V12 Vantage S logra ese objetivo con creces. Es una máquina formidable, cuya estampa promete emociones de las fuertes. Su sonido al arrancar es la primera de ellas y de ahí, todo es in crescendo.


Y esa es precisamente una de las muchas gracias de este Vantage S. A pesar de que cuenta con todos los sistemas de ayuda a la conducción –y alguno más- que se requieren hoy en día, ponerse al volante supone un reto en el que se mide tu verdadera capacidad como piloto. Y para ello no basta sólo con dinero.
[/tab] [tab name=’Me gusta MENOS’]Si piensas que en un vehículo que cuesta tanto como una casa (o dos, o tres…) no se tienen en cuenta conceptos más mundanos como la ‘calidad percibida’, te equivocas.


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