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Prueba realizada por Gaby Esono


Se podría decir que ese coche me ha marcado para toda la vida. Y eso que sólo he tenido ocasión de conducirlo en una ocasión. Dos, si contamos los 20 metros que separaban de un taller donde trabajé el Renault Clio Williams de un cliente.

De aquello han pasado ya más de dos décadas y Renault ha dado algún que otro giro estético y conceptual desde entonces, con más o menos acierto. Y, a pesar de que la marca ha mantenido unos niveles de ventas más que aceptables, coyunturas económicas al margen, lo cierto es que, en el caso concreto del Clio, la tercera generación no les había rentado como esperaban.

Y falta le hace, porque el segmento de los polivalentes está experimentando una pujanza notable en los últimos tiempos, aunque los protagonistas siguen siendo principalmente los mismos, como el SEAT Ibiza, el Ford Fiesta, el Volkswagen Polo y, cómo no, sus paisanos y archirrivales el Citroën C3 y el Peugeot 208.
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Renault, de toda la vida, ha sido una marca popular. Su forma de hacer coches, bien equipados, cómodos y con motores en general sin grandes pretensiones pero casi siempre suficientes para un uso convencional, ha sido una fórmula que le ha funcionado bastante bien.




Por otra parte, Renault ha ajustado el bastidor de forma bastante coherente a las prestaciones de este motor. El Clio es un coche muy, muy cómodo, pero sin llegar a la excesiva suavidad de un Citroën C3, por ejemplo. Tampoco llega, sin embargo, a la agilidad del Peugeot 208. De hecho, si tratamos de buscar los límites, el perfil alto de los neumáticos genera ciertas imprecisiones en la trayectoria antes de que el control de estabilidad ESP entre en acción, lo que resta un punto de confianza.
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La comodidad que comentaba en el apartado anterior como una característica más del Renault Clio cuando se conduce, se convierte en su principal virtud cuando compartimos el viaje. Los tarados de suspensión están muy bien trabajados, el motor es muy refinado para ser un tricilíndrico, y también silencioso (a alta velocidad lo que más se percibe es el aire). Es uno de esos coches en los que, si lo tuyo es ir con la calma, apetece moverse.


La marca explicó en su momento que el volumen de ventas de la carrocería de 3 puertas no justificaba su desarrollo, ni siquiera para vestir a la versión R.S. que, como el resto, se conforma con disimular los tiradores de puerta en el montante, como el anterior SEAT León o el actual Alfa Romeo Giulietta, para compensar con un cierto aspecto deportivo esta carencia.

Por dentro, sin embargo, a pesar de que el espacio conseguido es de lo mejor del segmento, no me han convencido el aspecto de los plásticos más a la vista, especialmente el diseño de la consola central, que sobresale del salpicadero para permitir un mejor manejo del dispositivo de audio y los mandos de la climatización.
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Es un punto muy positivo que el sistema de infotenimiento (radio con manos libres y navegador), desarrollado por LG, esté disponible de serie desde el acabado intermedio Expression, pero su funcionamiento no me convenció.

Me quedé con las ganas de probar el sistema multimedia R-Link, opcional en el acabado Dynamic de la unidad de prueba, y ver cómo se puede conducir con seguridad e interaccionar con redes sociales.
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El Renault Clio me gusta mucho por fuera, aunque esta versión, de temperamento más bien tranquilito, no transmita al conducirlo las sensaciones que uno espera de una silueta tan lograda. Habrá que esperar a probar variantes más prestacionales.
Otra cosa que me ha encantado es que, al buscar la rueda de recambio, me he encontrado con una de las mismas medidas que el resto.

Sin embargo, es toda una tranquilidad con la que ninguna rueda de emergencia, ni mucho menos un aún más barato kit antipinchazos puede competir.

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En ese precio se incluye un equipamiento muy completo, que va desde el navegador “sencillo pero suficiente” al volante forrado en piel, pasando por las llantas de aleación de 16 pulgadas o la tecla ECO mode.

E incluso hasta seis llantas de aleación, de 16 o 17 pulgadas, sorprendentemente por el mismo precio que cuesta la rueda de repuesto, 82,64 euros.
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